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Los vínculos entre este proyecto y la dra-
matología son más bien indirectos, pero
fundamentales para el argumento de este
artículo. El primero de ellos toma el con-
cepto de mundo de vida (lebenswelt)
(Schütz, 2009) para entender el problema
-
sica, esto es, como un fenómeno ecológico
donde el mundo sonoro es un mundo au-
dible, monitoreado activamente median-
te actos de escucha (hearing acts) y no de
forma pasiva (Noble, 1983). En el mundo
audible el perceptor no es un receptor pa-
sivo sino un explorador activo que decide
a qué pone atención mediante mo-
mentáneos de atención al tejido complejo
del mundo audible (p. 332). El segundo se
desarrolla en el marco de la teoría de las
atmósferas, interesadas en el impacto que
tienen los entornos sonoros (particular-
mente la música) en la experiencia que tie-
nen los individuos de dichos espacios. Una
atmósfera, entonces, se vuelve relevante
para el desarrollo del involucramiento del
el espacio y las conexiones colectivas (de
la Fuente y Walsh, 2021). Aquí, las atmós-
feras son “sentimientos transindividuales”
que irradian desde espacios y situaciones,
y que los actores sociales “movilizan cons-
ciente o inconscientemente los poderes
afectivos de la música para dar forma a sus
involucramientos” (p. 224). Ambos traba-
jos resultan valiosos como antecedentes
para abordar el sonido desde una perspec-
tiva sociológica y ecológica, sin embargo,
ambos enfoques operan en el plano del
individuo (Noble: sujeto que decide moni-
torear; de la Fuente & Walsh: agencia para
remover atmósferas), sin capturar cómo
los paisajes sonoros situacionales emer-
gen de la interacción ritualmente regulada.
Frente a estas propuestas, y a pesar de las
críticas que se han dirigido al concepto de
paisaje sonoro
8
, se retoma por su dimensión
ecológica y su interés por dar cuenta de los
efectos que tiene en las conductas. La incor-
poración de la dramatología busca precisar
qué se entiende por conductas y cómo se re-
lacionan estas con el paisaje sonoro a través
de la escucha dramatológica. Lo que resta del
presente trabajo se dedica a detallar los pai-
sajes sonoros situacionales
9
.
Paisajes sonoros situados: aquellos ca-
racterísticos de un espacio o momento
histórico. Son contextuales y contribuyen
a enmarcar la situación, pero no resultan
de la interacción entre personas; pueden
incluir los paisajes generados por la natu-
-
mite a este tipo de paisajes.
Paisajes sonoros situacionales: aquellos
que emergen de la copresencia de las per-
sonas cuando interactúan. A diferencia de
los anteriores, forman parte de las interac-
ciones (porque resultan de ellas) y forman
8 Las críticas más notables señalan, en el nivel ontoló-
gico, que el concepto presupone que los sentidos funcionan
de manera independiente, que caracterizan al sonido como
objeto que se percibe y no como medio de la experiencia, lo
que desvía la atención de la relación entre el ser humano en
su dimensión experiencial y mediadora (Ingold, 2007). En
el nivel normativo el concepto evalúa los paisajes sonoros
como un desequilibrio armónico y prioriza una escucha
selectiva, dejando de lado su rol en la vida social; por último,
en el plano teórico-metodológico, el concepto carece de rigor,
lo que genera un uso poco sistemático (Kelman, 2010).
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regiones contempladas por la dramatología (exterior, pos-
terior, frontal) amerita una consideración aparte, pero una
situados como parte de una región exterior y agrupa tanto las
bien pueden ser producidos por la actividad humana, están
ahí con independencia de las interacciones de los individuos;
paisajes sonoros de encuentros y reuniones se encuentran en
las regiones posteriores y frontal y son fundamentalmente
de tipo antropofónicos.
Pérez Baños J. O.: LA ESCUCHA DRAMATOLÓGICA. UNA APROXIMACIÓN SOCIOLÓGICA AL PAISAJE SONORO