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del territorio. Reconocer esta dimensión
supone ampliar los estudios para incluir
y modos de concebir y habitar la ciudad.
En este sentido, el paisaje sonoro ofrece
una vía pertinente para reinterpretar el
patrimonio cultural desde la escucha. Si
bien la Convención para la Salvaguardia
del Patrimonio Cultural Inmaterial (UN-
ESCO, 2003) establece cinco ámbitos de
espectáculo, usos sociales y rituales, con-
ocimientos sobre la naturaleza y técnicas
artesanales), estas categorías no abarcan
por completo la complejidad de las man-
ifestaciones acústicas que conforman un
centro histórico. Los sonidos de origen
cultural, como las campanas, los gritos de
los vendedores o la música interpretada
en plazas públicas, pueden inscribirse par-
cialmente en los usos sociales o las artes
del espectáculo. Sin embargo, otros soni-
o las fuentes superan esas categorías. Esta
condición híbrida revela que la dimensión
sonora del patrimonio urbano exige mar-
cos interpretativos más amplios y sensi-
bles a la diversidad acústica que caracteri-
za a los espacios históricos.
En el texto introductorio de la Recomen-
dación de la UNESCO sobre el Paisaje
Urbano Histórico (2011) refuerza esta
perspectiva al señalar que la salvaguar-
dia del patrimonio debe considerar “las
organización y las conexiones espaciales,
las características y el entorno naturales,
y los valores sociales, culturales…” (UNE-
SCO, 2011, p. 4). Si bien, no deja explícito
el espacio sonoro, plantea una visión inte-
gral de la cual podemos desarrollar nuevas
propuestas y abre la puerta a incluir los
sonidos como parte del sistema de valores
urbanos. Estos sonidos, sean producto de
prácticas culturales o del entorno natural,
forman parte del tejido de valores que sos-
tienen la identidad urbana. En el caso del
Centro Histórico de Guadalajara, esta mi-
rada permite reconocer que el patrimonio
trazas, sino también en las huellas acústi-
cas que acompañan la vida cotidiana y con-
tribuyen a la memoria colectiva. Integrar
el paisaje sonoro a la gestión patrimonial
no solo amplía los criterios de valoración,
sino que también impulsa estrategias más
inclusivas, capaces de articular identidad,
sostenibilidad y calidad de vida en la ciu-
dad histórica.
Por lo tanto, incorporar el paisaje so-
noro a la lectura patrimonial implica recon-
ocer que los centros históricos no solo se
transforman visual o funcionalmente, sino
también acústicamente. Los cambios en la
movilidad, en la dinámica comercial o en
la apropiación social del espacio reper-
cuten directamente en la manera en que
una ciudad suena y, por ende, en la forma
en que es percibida y habitada. Bajo esta
perspectiva, alineada con la visión inte-
gral impulsada por la UNESCO, cualquier
relaciones sensoriales que sostienen la
identidad del territorio. Así, al estudiar un
entorno histórico resulta indispensable
considerar cómo las políticas urbanas, los
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valores culturales que encarnan.
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL