EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA,
UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y PATRIMONIAL
THE HISTORIC CENTER OF GUADALAJARA, AN ACOUSTIC, CULTURAL AND HERITAGE READING
Eduardo Escoto Robledo Jessica Marcelli Sánchez
Profesor, Universidad de Guadalajara, México
ORCID: https://orcid.org/0009-0000-6280-6382
Email: eduardo.escoto@academicos.udg.mx
(Autor de correspondencia)
Profesora, Universidad de Guadalajara, México
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8190-4033
Email: jessica.marcelli@academicos.udg.mx
PRAGMA, año 04, número 08, abril 2026 - sepembre 2026, pp. 145-162
Fecha de recepción: 30-noviembre-2025
Fecha de aceptación: 13-febrero-2026
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Resumen
El presente artículo examina el paisaje sonoro del Centro Histórico de Guadalajara des-
de una perspectiva que articula enfoques cuantitativos y cualitativos, con base en las



y en la conformación de identidades colectivas. A través de recorridos exploratorios re-
alizados en el Centro Histórico de Guadalajara, se registraron niveles de presión sonora


distinguir las capas acústicas que estructuran la experiencia cotidiana en el área anali-
zada. El análisis apunta a la necesidad de integrar la dimensión sonora, con un enfoque
patrimonial, en los proyectos de gestión y revitalización del Centro Histórico. Compren-
der “cómo suena” la ciudad y “cómo sería deseable que sonara” como parte fundamental
-
mente equilibrados.
Palabras clave: Paisaje sonoro, ecología acústica, Centro Histórico de Guadalajara, pa-
trimonio sonoro
Abstract
This article examines the soundscape of Guadalajara’s Historic Center from a perspec-
tive that combines quantitative and qualitative approaches, based on the theories of
Murray Schafer and the ethnographic contributions of Steven Feld. The study begins
with the premise that sound is not merely a measurable physical phenomenon, but a
   
and the formation of collective identities. Through exploratory walks in Guadalajara’s
Historic Center, sound pressure levels were recorded to identify patterns dominated by

into tonics, signals, and sound markers allowed for the distinction of the acoustic layers
that structure daily experience in the analyzed area. The analysis points to the need to
integrate the sonic dimension, with a heritage focus, into management and revitaliza-
tion projects for the Historic Center. Understanding “how the city sounds” and “how it
would be desirable for it to sound” is a fundamental part of building more livable, cul-

Keywords: Soundscape, acoustic ecology, Historic Center of Guadalajara, sound heritage
PRAGMA, Año 04, número 08, Abril-Sepembre 2026, pp.145-162
hps://pragma.buap.mx
ISSN: 3061-7464
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Introducción
El estudio del paisaje sonoro per-
mite comprender no solo la dimensión
acústica de los entornos urbanos, sino
también la manera en que ciertos soni-
dos adquieren valor cultural, simbólico
e identitario para las comunidades. En
ciudades históricas como la de Guada-
lajara, los sonidos asociados a la vida
cotidiana, las prácticas
sociales y las condiciones arquitectóni-
cas forman parte del patrimonio cultur-
al intangible, aun cuando con frecuencia
pasan desapercibidos. Este enfoque re-
salta la estrecha vinculación entre es-
pacio, sonido y memoria, y subraya que
la conservación del entorno histórico
requiere considerar tanto los elemen-
tos materiales como las manifestaciones
acústicas que contribuyen a dar identi-
dad y continuidad cultural al territorio.
Desde esta perspectiva, el paisaje so-
noro se ha consolidado como un campo
de estudio fundamental para analizar la
calidad de vida urbana, los procesos de
apropiación del espacio y las dinámicas
sociales contemporáneas. Autores como
Murray Schafer (2013) y Steven Feld
(2013) han demostrado que los soni-
dos no pueden entenderse solo como
fenómenos físicos medibles, sino como
construcciones culturales que influyen
en la manera en que las comunidades
habitan y significan los espacios. Así,
examinar “cómo suena” una ciudad, per-
mite identificar, además de los compo-
nentes acústicos del entorno, los equi-
librios, las transformaciones urbanas y
la interacción entre prácticas sociales,
urbanismo y memoria colectiva.
Fundamentos teóricos del paisaje sonoro
El concepto de Paisaje Sonoro (sound-
scape), formulado por el músico y ambi-
entalista canadiense Murray Schafer en
la década de 1970, surge como una her-
ramienta para comprender y analizar los
entornos acústicos como campos de es-
    
el paisaje sonoro como “acontecimientos
escuchados”, es decir, como una porción
del ambiente acústico que puede aislarse
y examinarse de manera semejante a un
paisaje visual (pp. 24, 370). Por las propias
explicaciones del autor (Schafer, 1994), se
   -
ogismo que proviene de la adaptación del
inglés landscape, sustituyendo land por
sound para enfatizar la dimensión sonora
del entorno.
La intención original de Schafer esta-
ba estrechamente vinculada a su preocu-
pación por el deterioro ambiental y la cre-
ciente contaminación acústica generada
por las sociedades industrializadas. Desde
su perspectiva, el paisaje sonoro contem-
poráneo parece haber alcanzado “la cúspi-
de de la vulgaridad” debido a la saturación
sonora que caracteriza a las ciudades mod-
ernas (Schafer, 2013, p. 19).
La presencia del sonido en un determi-
nado entorno tiene dos orígenes funda-
mentales: el natural y el cultural. Los soni-
dos naturales derivan de las características
    
territorio; los culturales, en cambio, pro-
ceden de las actividades humanas, cuyas
     
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL
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comunidades comprenden, habitan y sig-
-
co o emocional, sino también cognitivo y
cultural.
Una noción fundamental derivada de
este enfoque es la de soundmark, es decir,
aquellos sonidos característicos que ad-
quieren valor identitario para una comu-
nidad: el sonido de las campanas, el canto
de cierto tipo de ave, el agua corriendo de
una fuente o los sonidos vinculados a ac-
tividades propias de algunas actividades
del entorno. Su reconocimiento es funda-
mental, pues su desaparición implica tam-
bién la pérdida de referentes simbólicos
y la progresiva homogeneización de los
espacios urbanos (Baatti Boulahia, 2019,
p. 17). Desde esta perspectiva, el paisaje
sonoro debe entenderse como parte inte-
grante del patrimonio cultural, susceptible
de valoración, protección y gestión.
Es importante diferenciar el Paisaje
Sonoro de la idea de “entorno acústico”.
Mientras el primero constituye un con-
structo perceptual y cultural, el segundo
-
jalba Obando & Paül Carril, 2018). Esta
distinción permite abordar los sonidos
no solo desde su intensidad o frecuencia,
-
to en la experiencia humana del espacio.
La presente investigación se basa en esta
perspectiva para analizar el entorno so-
noro del Centro Histórico de Guadalaja-
ra. Antes de proponer una interpretación
más amplia, es necesario revisar por qué
el término “contaminación auditiva” re-
sulta limitado para comprender la com-
plejidad cualitativa del paisaje sonoro ur-
bano contemporáneo.
   
Aguilera, 2024). Ambos tipos de sonido
    -
terpretación depende de procesos percep-
tuales y culturales, del que dependen y en
el que inciden.
La importancia del efecto de la presen-
cia del sonido en un entorno, obliga a ese

caso. A partir de estas bases, emerge el
concepto de “ecología acústica, orientado
a examinar las relaciones entre las socie-
dades humanas, el medio ambiente y los
sonidos que producen. Barry Truax (1999)

     -
cas o características del comportamiento
de quienes viven en él, poniendo especial
atención en los desequilibrios que puedan
causar transtornos a la salud. Así, la
    
la ecología social y biológica” (Truax, n.d.).
Este enfoque abre paso a una compren-
sión más amplia de la dimensión sonora
como constitutiva de las formas de vida y
de las identidades colectivas.
En este mismo sentido, el etnomu-
sicólogo estadounidense Steven Feld am-
plía la noción de paisaje sonoro al destacar
que no se trata únicamente de un entorno
     -
ceptual que depende de la interpretación
humana. Para Feld, los paisajes sonoros
“son percibidos e interpretados por acto-
res humanos que les prestan atención para
forjar su lugar en el mundo” (García Cas-
tilla, 2017, p. 12). Su propuesta, denomi-


PRAGMA, Año 04, número 08, Abril-Sepembre 2026, pp.145-162
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Limitaciones del concepto de contami-
nación auditiva
Al analizar el entorno sonoro característi-
co del Centro Histórico de Guadalajara des-
de el marco conceptual del Paisaje Sonoro,
resulta necesario problematizar el uso
común del término “contaminación auditi-
va”. En su empleo cotidiano, este concepto
ha derivado casi exclusivamente en una
preocupación cuantitativa que reduce la
complejidad de los fenómenos acústicos a
la medición de niveles de presión sonora
(SPL). Esta perspectiva, aunque útil para
     
elementos fundamentales de la experien-
cia sonora, especialmente aquellos que
solo pueden comprenderse desde una mi-
rada cualitativa.
Un avance al respecto es la propues-
ta de la Organización Mundial de la Sa-

como ruido “comunitario” o “ambiental”
aquél emitido por cualquier fuente, con
excepción del ruido en los entornos indus-
triales. Señala adecuadamente que no hay
-


no deseado y lo delimita en relación con
sus efectos nocivos sobre la salud. No ob-
stante, su preocupación sobre el fenómeno
empieza cuando sus niveles de intensidad
sonora rebasan los 55 dB.
Efectivamente, el término “ruido”
tampoco es uniforme ni universal, suele
sobreentenderse indicando su efecto “de-
sagradable o indeseable” así como su im-
    
en las actividades de comunicación, traba-
jo o descanso (Marín Blandón & Pico Mer-
-
blecer criterios consensuados sobre qué

demuestra que los juicios acústicos depen-
den de factores situacionales, culturales y
perceptuales.
Así, un sonido puede considerarse inde-
seable en ciertas circunstancias, pero no
en otras, lo que exige una lectura contextu-
-
no. Desde esta perspectiva, Schafer (2013)
señala que limitar la acción institucional a
la reducción de los niveles de ruido consti-
tuye “un enfoque negativo, pues no atiende

ser preservados, estimulados o eliminados
en cada entorno (p. 20). Su planteamien-
to propone, en cambio, un “programa
positivo” de análisis y gestión sonora que
reconozca el valor simbólico, identitario y
cultural de los sonidos que conforman un
paisaje sonoro determinado.
Complementariamente, el concepto de
“acustemología, introducido por Steven
Feld, subraya que el sonido no es solo un

de conocimiento, una vía para comprender
cómo los individuos perciben, organizan y

p. 11). Esta noción amplia fortalece la críti-
ca al reduccionismo técnico del enfoque
tradicional, evidenciando que medir deci-
beles no basta para comprender la calidad
acústica de un entorno urbano.
Dicho de forma sucinta, la diversidad
sonora existente en las ciudades exige dis-
tinguir entre diferentes tipos de sonido y
de ruido, considerando no solo sus niveles
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL
150
-
     
en espacios públicos.
La saturación sonora contemporánea
nos lleva a insistir en la urgencia de anal-
izar los componentes del paisaje sonoro
-
-
car las características del entorno acústi-
co, sino también delinear estrategias para
mejorar la calidad de vida urbana sin per-
der de vista el papel cultural y simbólico
del sonido.
Ruido, Sonido y Ecología Acústica: Una
distinción cultural y perceptual
La diferenciación entre sonido y ruido no
    
sino que depende en gran medida de fac-
tores culturales y perceptuales. En cada
comunidad, los juicios sobre lo que consti-
tuye un sonido aceptable, neutro o indese-
able se formulan a partir de códigos de sig-

y hábitos de escucha propios del entorno
cultural. Por esta razón, las categorías de
sonido y ruido no pueden considerarse
universales ni absolutas; más bien, se dis-
tribuyen en un gradiente que incluye des-
de manifestaciones sonoras valoradas pos-
itivamente hasta aquellas consideradas
indiscutiblemente molestas o dañinas (Di
Bona, 2025).
Este carácter relativo de la apreciación
sonora refuerza la necesidad de una lec-
tura cualitativa del paisaje sonoro. Como
señala Schafer (2013), limitarse a medir la
presión sonora, aunque útil en ciertos ám-
bitos, no basta para describir la compleji-

cognitivos y psicológicos. La valoración
cultural es clave: lo que se interpreta como
sonido o ruido no responde a criterios ab-
     
prácticas sociales, hábitos de escucha y
marcos culturales particulares.
Por ello, reducir el análisis del entor-
no sonoro a una lectura técnica basada
exclusivamente en niveles de presión so-
nora, aunque comprensible por razones
-
sidad, entendida como la potencia acústica
medida en decibelios, no determina por sí
sola la experiencia subjetiva del sonido.
Diferentes fuentes pueden registrar nive-
les idénticos de intensidad y, sin embargo,
generar respuestas muy distintas en los oy-

preguntar: ¿qué diferencia hay entre 60 dB
provenientes de un arroyo y los mismos

respuesta solo puede encontrarse en una
perspectiva cualitativa.
De hecho, varios estudios (Mascolo et
al., 2020; Obando & Carril, 2018) señalan

ruido no garantiza necesariamente la me-
jora de la calidad sonora de un entorno ur-
bano. Grijalba Obando y Paül Carril (2018)
recuerdan que los decibeles no distinguen
la naturaleza ni el efecto de cada sonido,
pues ciertos estímulos pueden resultar
más invasivos o perturbadores independ-
ientemente de su intensidad. La vida ur-
bana reúne señales tecnológicas, humanas
y naturales que interactúan bajo distintas
formas de organización sociocultural del
sonido. Muchas de estas señales pueden
convertirse en “contaminantes sonoros”,
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dad de la experiencia auditiva en contextos
urbanos. Los fenómenos sonoros deben
analizarse no solo por su intensidad o po-
tencia, sino también por su función, su ori-
gen, su frecuencia de aparición, sus efectos
emocionales y cognitivos, y su relevancia
como marcadores identitarios o culturales.
Como se ha señalado, la forma más ha-
      
es en relación con su intensidad. Desde un
punto de vista técnico, la intensidad del
sonido, es medida en decibelios (dB), uni-
dad que representa cierta cantidad de en-
ergía acústica implicada en su producción.
Esta medida, de carácter logarítmico, im-
plica que cada incremento de 3 dB duplica
la potencia acústica de un sonido. El es-
pectro audible humano abarca desde los 0
dB (umbral de audición) hasta los 140 dB
(umbral del dolor) (Marín Blandón & Pico
Merchán, 2004). Sin embargo, esta dimen-
sión cuantitativa del sonido no explica por
sí sola sus efectos sobre el bienestar o la
percepción del entorno. Dos estímulos que
registran la misma intensidad pueden ser
interpretados de maneras completamente

o contexto.
¿Qué impacto tiene sobre quien habita
o trabaja en un área urbana el registro de
70 dB generados por el tránsito peatonal
frente a la misma intensidad originada
por música grabada? Estas comparaciones
solo pueden responderse desde un análisis
cualitativo que reconozca la dimensión
simbólica, afectiva y cultural del sonido.
Como señalan Grijalba Obando y Paül
Carril (2018), la reducción de los niveles
     -
camente la mejora de la calidad acústi-
ca urbana, ya que los decibeles no dis-
tinguen entre diferentes tipos de sonido
ni sus efectos subjetivos. Un sonido de
baja intensidad puede resultar alta-
mente invasivo dependiendo de su tim-
bre, su repetición, su previsibilidad o su
asociación con actividades indeseadas,
mientras que otro más intenso puede
ser percibido como natural o incluso
agradable según las expectativas cul-
turales del oyente.
La vida urbana contemporánea combi-
na señales tecnológicas, humanas y natu-
rales que interactúan en un tejido acústico
complejo. Bajo determinadas condiciones
socioculturales, muchas de estas señales
pueden convertirse en contaminantes so-

generando tensión cognitiva y emocional.
Este fenómeno se vincula de manera di-
recta con la “ecología (Dominguez, Ana
Lidia, citada por Olmos Aguilera, 2024)
acústica, cuyo objetivo es comprender
cómo los sonidos moldean el comporta-
miento humano, la calidad de vida, la sa-
lud mental y las dinámicas de interacción
social (Schafer, 2013, p. 368).
En consecuencia, reducir el análisis

impide reconocer la multiplicidad de fun-
      -
sempeña en los entornos urbanos. Una
lectura integral del paisaje sonoro exige
considerar tanto la medición cuantitativa
como la interpretación cultural y percep-
tual, reconociendo que el sonido es una
dimensión constitutiva del espacio y, por
lo tanto, de la experiencia humana que lo
habita.
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL
152
de convivencia empleara música a altos
     -
virtió su presencia en una fuente potencial
de molestia o invasión sonora. Esta prob-
lemática no se relaciona únicamente con la
intensidad, sino con la dimensión cultural
del sonido: la música puede expresar iden-
tidades, preferencias estéticas o vínculos
emocionales que no necesariamente son
compartidos con quienes se ven expuestos
involuntariamente a ella.
Esta “escucha involuntaria” ha sido
     
formas de contaminación acústica en las
sociedades contemporáneas. El Chartered
Institute of Environmental Health la identi-

por encima del tránsito vehicular o del uso
de maquinaria (Frith, 2003, p. 88). Simon
Frith señala que la música que proviene

percibirse como una invasión del espacio
personal, una agresión contra el sentido
de propiedad simbólica del entorno y una
forma de negociación o disputa del espacio
compartido (Frith, 2003, p. 91).

comportamiento en espacios públicos es
particularmente evidente. Frith analiza el
caso de las estaciones de ferrocarril en In-
glaterra, donde se empleó música clásica
para disuadir la congregación de grupos
juveniles que obstaculizaban el funciona-
miento de estos espacios (Frith, 2003, p.
95). Este tipo de intervenciones revela el
carácter regulador y performativo de la
música en la vida urbana. El debate alcanzó
incluso el ámbito legislativo cuando, en el
año 2000, el diputado conservador Robert
Key propuso en la Cámara de los Comunes
Música y vida cotidiana en los espacios
urbanos
Desde mediados del siglo XX, la música
adquirió una presencia creciente en los
espacios públicos y privados gracias al de-
sarrollo de tecnologías de reproducción
mecánica, la radio, la televisión y la indu-
      
ampliación de su presencia transformó
profundamente los entornos sonoros ur-
banos. Las ciudades comenzaron a sonar
de manera distinta no solo por la aparición
de máquinas, automóviles o infraestructu-
ra industrial, sino también por la difusión
constante de música que surgía de mane-
ras inéditas hasta entonces.
La música dejó de depender exclusiva-
mente de actos de interpretación en vivo
para convertirse en un fenómeno omni-
presente y, en muchos casos, independ-
iente de su contexto simbólico, estético
o ritual original. Esta autonomía sonora
generó nuevas formas de relación cultural,
social y psicológica con la música, algunas
positivas, por el acceso ampliado al hecho
musical, y otras problemáticas, vinculadas
a su uso indiscriminado. Tal proceso coin-
cidió con los proyectos de modernización
de Guadalajara que puso en marcha el go-
bierno en la década de 1950, y que cambi-
-
co, pero sobre todo, su relación de uso por
parte de la población.
Con el tiempo, esta omnipresencia
provocó reacciones críticas en torno a la
calidad, autenticidad, pertinencia e inc-
luso los efectos sociales del uso de músi-
ca grabada. La posibilidad de que cual-
quier local comercial, vivienda o espacio
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la prohibición de la música grabada en lu-
gares públicos como hospitales, estaciones
de transporte, piscinas o calles, salvo en es-
pacios donde las personas acudieran vol-
untariamente a escucharla (Frith, 2003, p.
88). Aunque dicha propuesta no prosperó,
evidenció la magnitud social y cultural del
problema.
La música, al ser difundida sin la medi-
ación de un consenso comunitario, puede
ejercer una forma de dominio simbóli-
co sobre quienes la escuchan sin haberla
elegido. La invasión del espacio psíqui-
co y cognitivo que implica la exposición
involuntaria a determinados géneros,
intensidades o patrones musicales gen-
era tensiones que raramente encuentran
solución. Este fenómeno no solo afecta el
     -

sonoro urbano.
Para puntualizar en el caso aquí abor-
dado, cabe señalar que los espacios comer-
ciales del Centro Histórico de Guadalajara,
estas dinámicas también han tenido im-
pacto. La difusión de música grabada, en
ocasiones a niveles elevados, formó parte
durante décadas del paisaje sonoro cotidi-
ano, particularmente en zonas con fuerte
actividad comercial. Muchos establec-
imientos usan la música como estrategia
mercadológica o identitaria, contribuyen-
do a la saturación acústica del entorno. El
análisis de estas prácticas resulta indis-
pensable para comprender la composición
actual del paisaje sonoro del centro tapa-
tío, pues revela no solo la presencia ma-
terial del sonido, sino también las lógicas
culturales, económicas y sociales que lo
producen.
Ruido, silencio y su perspectiva
El fenómeno del ruido en las sociedades
contemporáneas no puede entenderse úni-
camente como una presencia indeseable o
  
han variado históricamente, al grado de
que en el siglo XX se convirtió en materia

La irrupción de la tecnología y la indus-
trialización generó nuevas formas de soni-
do urbano que transformaron la experien-
     
a partir de máquinas, motores, motores
industriales y dinámicas urbanas inéditas.
Las primeras vanguardias artísticas del
siglo XX dieron un giro radical a la con-
cepción del ruido. Los futuristas italianos
denunciaron como hipócrita la negativa
social frente a los sonidos de la moderni-
dad, celebrando en cambio la belleza de la
máquina y del estruendo urbano. El com-
positor Luigi Russolo (1885–1947), uno
de los principales teóricos del futurismo
sonoro, aspiró a conquistar y sistematizar
los “ruidos-sonidos” del mundo industrial.
Para ello concibió los intonarumori, dis-
positivos capaces de generar sonidos arti-

(López Rodríguez, 2019).


según su origen y características, propo-
niendo que la música debía abandonar
su aspiración histórica hacia la pureza y
dulzura para incorporar los sonidos diso-
nantes y extraños propios de la vida mod-
erna. En sus palabras: “Nos divertiremos
orquestando idealmente juntos el estruen-
do de las persianas de las tiendas, las sacu-
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL
154
lencio ha adquirido un valor cultural que
antes no poseía. Esta relación dialéctica

los habitantes experimentan los espacios
urbanos, y por lo tanto, en la forma en que
se deben interpretar y gestionar los entor-
nos acústicos. Comprender esta dimensión
histórica y estética del ruido y el silencio
es indispensable para interpretar el paisa-
je sonoro del Centro Histórico de Guadala-
jara. Los sonidos que lo conforman no solo
     -
presiones de procesos culturales, sociales
y tecnológicos que han moldeado la ciudad
a lo largo del tiempo.
El espacio del Centro Histórico como
Patrimonio Cultural
Históricamente, los estudios urbanos y
patrimoniales han privilegiado la dimen-
sión visual del espacio: la arquitectura,
la traza de las calles, la materialidad de
las plazas y los paisajes construidos. Esta
tradición metodológica se sostiene de la
serie de cartas y convenciones que desde
1931, precedieron al reconocimiento del
patrimonio intangible en 2003 y que pro-
dujo inicialmente una limitante en su con-
cepción (González -Varas, 2015, pp. 26-32)
ha moldeado también la manera en que se
interpreta el patrimonio cultural, centran-
       
monumentos que pueden ser observados,

Sin embargo, la experiencia cotidiana
de una ciudad nunca es exclusivamente vi-
sual: caminar un centro histórico implica
también escuchar. Las vibraciones, ruidos
y sonidos que acompañan el tránsito ur-
bano constituyen una capa sensorial que
didas de las puertas, el rumor y el pataleo
de las multitudes, los diferentes bullicios
de las estaciones, de las fraguas…” (Labo-
ratorio de Creaciones Intermedia, 2004,
p. 43). Esta visión, radical para su época,
anticipaba una estética que situaba al rui-
do como elemento constitutivo del paisaje
sonoro urbano.
La importancia adquirida por el ruido
en las sociedades contemporáneas se re-

su contraparte: el silencio. Según Clayton,
su valor radica precisamente en su rareza
en el mundo moderno, convirtiéndose en
un lujo perceptual que se asocia al biene-
star, la introspección y la estabilidad emo-
cional (Frith, 2003, p. 89). El silencio dejó
de representar ausencia para convertirse
-
lores culturales, espirituales y simbólicos.
Estas transformaciones se hicieron ev-
identes en proyectos urbanos recientes
que buscan generar espacios de calma en
entornos saturados de estímulos acústi-
cos. En Madrid, la iniciativa Cube of Silence
convirtió antiguas cabinas telefónicas en
pequeñas cámaras destinadas al descanso
o trabajo silencioso. En Londres, el Silence
Room de los almacenes Selfridges se conci-
bió como un refugio ante el ajetreo sonoro
del centro comercial (Baatti Boulahia,
2019, p. 38). Ambas propuestas revelan
una creciente necesidad de silencio como
recurso terapéutico y simbólico en la vida
urbana contemporánea.
La tensión entre ruido y silencio consti-
tuye así un eje fundamental en el análisis
del paisaje sonoro. Mientras el ruido ha
sido a la vez celebrado y criticado, el si-
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    
del territorio. Reconocer esta dimensión
supone ampliar los estudios para incluir


y modos de concebir y habitar la ciudad.
En este sentido, el paisaje sonoro ofrece
una vía pertinente para reinterpretar el
patrimonio cultural desde la escucha. Si
bien la Convención para la Salvaguardia
del Patrimonio Cultural Inmaterial (UN-
ESCO, 2003) establece cinco ámbitos de

espectáculo, usos sociales y rituales, con-
ocimientos sobre la naturaleza y técnicas
artesanales), estas categorías no abarcan
por completo la complejidad de las man-
ifestaciones acústicas que conforman un
centro histórico. Los sonidos de origen
cultural, como las campanas, los gritos de
los vendedores o la música interpretada
en plazas públicas, pueden inscribirse par-
cialmente en los usos sociales o las artes
del espectáculo. Sin embargo, otros soni-

o las fuentes superan esas categorías. Esta
condición híbrida revela que la dimensión
sonora del patrimonio urbano exige mar-
cos interpretativos más amplios y sensi-
bles a la diversidad acústica que caracteri-
za a los espacios históricos.
En el texto introductorio de la Recomen-
dación de la UNESCO sobre el Paisaje
Urbano Histórico (2011) refuerza esta
perspectiva al señalar que la salvaguar-
dia del patrimonio debe considerar “las

organización y las conexiones espaciales,
las características y el entorno naturales,
y los valores sociales, culturales…” (UNE-
SCO, 2011, p. 4). Si bien, no deja explícito
el espacio sonoro, plantea una visión inte-
gral de la cual podemos desarrollar nuevas
propuestas y abre la puerta a incluir los
sonidos como parte del sistema de valores
urbanos. Estos sonidos, sean producto de
prácticas culturales o del entorno natural,
forman parte del tejido de valores que sos-
tienen la identidad urbana. En el caso del
Centro Histórico de Guadalajara, esta mi-
rada permite reconocer que el patrimonio
      
trazas, sino también en las huellas acústi-
cas que acompañan la vida cotidiana y con-
tribuyen a la memoria colectiva. Integrar
el paisaje sonoro a la gestión patrimonial
no solo amplía los criterios de valoración,
sino que también impulsa estrategias más
inclusivas, capaces de articular identidad,
sostenibilidad y calidad de vida en la ciu-
dad histórica.
Por lo tanto, incorporar el paisaje so-
noro a la lectura patrimonial implica recon-
ocer que los centros históricos no solo se
transforman visual o funcionalmente, sino
también acústicamente. Los cambios en la
movilidad, en la dinámica comercial o en
la apropiación social del espacio reper-
cuten directamente en la manera en que
una ciudad suena y, por ende, en la forma
en que es percibida y habitada. Bajo esta
perspectiva, alineada con la visión inte-
gral impulsada por la UNESCO, cualquier
     
relaciones sensoriales que sostienen la
identidad del territorio. Así, al estudiar un
entorno histórico resulta indispensable
considerar cómo las políticas urbanas, los
-

valores culturales que encarnan.
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL
156
Valoraciones cuantitativas y cualitativas
Schafer (2013) plantea que la prioridad
analítica en el estudio de un paisaje sonoro
     -
cativos del entorno: aquellos sonidos que
destacan por su singularidad, frecuencia
o predominancia. Para ello, propone dis-
tinguir entre sonidos tónicos, señales so-
noras y marcas sonoras. Estas categorías
resultan indispensables para articular la
dimensión cuantitativa del análisis con la
cualitativa (Schafer, 2013, p. 27).
Los sonidos tónicos son aquellos que
una sociedad escucha de manera conti-
nua o muy frecuente. Funcionan como un
“fondo” sonoro que no necesariamente se
percibe de manera consciente, pero que
 -
tamiento y estado anímico de quienes ha-
bitan el entorno (Schafer, 2013, p.372). En
términos de Schafer, equivalen al “fondo
en la percepción visual. Las señales sono-
ras, en cambio, constituyen los “sonidos
de primer plano, es decir, aquellos a los
que se dirige la atención de manera con-
sciente: sirenas, silbatos, motores o voces
que sobresalen del entorno. Finalmente,
las marcas sonoras (soundmarks) son
   
actúan como referentes identitarios de
una comunidad (Schafer, 2013, p.28).
Con base en esta perspectiva teórica,
se realizaron recorridos exploratorios por
distintas calles del Centro Histórico de
Guadalajara, tomando registros mediante
la aplicación Noise Capture. Esta herra-
mienta, desarrollada inicialmente con re-
cursos de la Unión Europea, permite a los
usuarios medir y compartir parámetros
El sonido en los espacios urbanos y el
caso del Centro Histórico de Guadalajara
El análisis del paisaje sonoro urbano ad-
quiere especial relevancia cuando se es-
tudian entornos históricos, donde conver-
gen dinámicas sociales, arquitectónicas,
comerciales y culturales. El Centro Históri-
co de Guadalajara, asociado durante déca-
das con elevados niveles de contaminación
sonora en su sentido más convencional, ha
experimentado transformaciones notables
en años recientes, particularmente con la
peatonalización de la Avenida Alcalde y
la conformación del Paseo Alcalde.
1
Estos

y el uso del espacio público, sino también

A pesar de tratarse del núcleo fundacio-
nal de la ciudad y conservar en gran medi-
da características heredadas de las inter-
venciones urbanas de mediados del siglo
XX, su paisaje sonoro actual puede consid-
     
en el Polígono de Intervención Urbana Es-
pecial (PIUE) número 6, decretado por el
Ayuntamiento de Guadalajara, lo que per-
mite establecer una delimitación situacio-
nal pertinente para el estudio preliminar
aquí presentado.
1
La Avenida Alcalde, uno de los ejes históricos
más antiguos y signicativos del centro de Guada-
lajara, fue objeto de un proyecto integral de peato-
nalización y renovación urbana entre 2014 y 2018
(Paseo Alcalde) que priorizó la movilidad peatonal,
el transporte público y la activación cultural del
espacio público, transformándola en un corredor
cívico, cultural y recreativo del centro histórico.
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del ruido ambiental, generando mapas so-
noros colaborativos. Actualmente, recibe
contribuciones de distintas instituciones.
2
Las rutas de este registro -que puede
considerarse preliminar a un registro más
copioso- se orientaron siguiendo dos di-
agonales conceptuales del casco antiguo,
-
tir de calles representativas por su activ-
idad y diversidad sonora (ver mapa 1). Las
mediciones (5 sesiones), cuyas duraciones
oscilaron entre los 20 y 40 minutos, se re-
alizaron en horario vespertino (entre las
16:00 y 18:00 horas) y en diferentes días
de la semana (del martes 22 al sábado 26
de julio de 2025), utilizando un teléfono
con sistema Android. Desde la perspectiva
cuantitativa, los registros obtenidos mues-
tran una intensidad mínima de 55 dB y una
máxima de 95 dB, con un promedio gen-
eral de 75 dB. Las frecuencias dominantes
se ubicaron entre los 400 Hz y los 5 kHz,
rango característico del ruido urbano.
Al interpretar estos datos conviene ten-
er en cuenta que la normativa vigente en
el Municipio de Guadalajara («Reformas al
reglamento para la protección del medio
ambiente y cambio climático en el Muni-
   
3 categorías llamadas zonas acústicas, la
1 es la que corresponde principalmente
al uso habitacional, con límites diurnos de

aquellas áreas donde predomina la activi-
dad comercial, marcando el límite diurno
2 Los detalles sobre el proyecto, y el enlace para
la descarga del software se encuentran en https://
noise-planet.org/ El sitio presenta como su objetivo
proponer nuevas herramientas para la evaluación del

en 68db y el nocturno en 65db. Finalmente,
-
sentan actividad industrial, ahí se marcan
igualmente los límites en 68db para el día
y 65db para la noche
Desde el punto de vista cualitativo, la
mayoría de los comercios mantienen sus
emisiones musicales alrededor de 70 dB.
   
esta cifra suelen ser establecimientos de
venta de ropa dirigida a públicos juveniles
o comercios electrónicos, cuyos sistemas
de sonido o perifoneo alcanzan niveles
cercanos a los 80 dB. Entre los 80 y 90 dB
destacan las motocicletas, cuya presencia
creciente en la ciudad las convierte en una
de las fuentes principales de ruido urbano,
incluso por encima del transporte público.
Otros elementos constantes del paisaje so-
-
ces vehiculares y las emisiones periódicas
de sonidos humanos (gritos, pregones,
músicos ambulantes) que emergen como
señales sonoras características del lugar.
A partir de las observaciones realiza-
-
cación preliminar:
Sonido tónico: El sonido tónico corre-
sponde al trasfondo acústico permanente
     
Su presencia continua —compuesta por
-
ones de carga ligera y taxis— genera un
rumor urbano estable, que rara vez desci-
ende incluso en horarios de menor activi-
dad. Este fondo sonoro funciona como una
“atmósfera acústica” que envuelve todas
las demás fuentes sonoras y condiciona la
percepción del espacio.
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL
158
Estas señales sonoras constituyen la capa
más dinámica del paisaje: cambian constan-
    
dirigen la atención, cumpliendo una función
informativa dentro del espacio público.
Marcas sonoras: Las marcas sonoras
representan los sonidos con mayor carga
cultural e histórica del Centro Histórico
de Guadalajara. Estas marcas sonoras han
sido progresivamente desplazadas por el
ruido urbano, pero aún persisten como
vestigios identitarios del territorio. Entre
ellas destaca el sonido de los caballos de
las calandrias, que durante décadas forma-
ron parte del imaginario social del centro.
Su presencia auditiva, el golpeteo de sus
pisadas sobre el pavimento, está cerca de
desaparecer, lo que convierte este sonido
en un símbolo en riesgo.
El murmullo de las fuentes representa

es perceptible a muy corta distancia debi-
do a la saturación vehicular. Cuando logra
escucharse, constituye un recordatorio de
la estructura histórica de plazas y jardines
del centro, hoy ocultada por el ruido del
tránsito. Las campanas de las iglesias, soni-
dos tradicionales del tejido urbano desde
el periodo virreinal, siguen funcionando
como marcas temporales. Sin embargo, su
alcance auditivo ha disminuido consider-
ablemente. Finalmente, la música inter-
pretada por la Banda del Estado en la Pla-
za de Armas constituye una de las marcas
sonoras más vivas del centro: su timbre, su
masa sonora y su proyección desde el kios-
co son inmediatamente reconocibles para
la población, generando una asociación di-
recta con la identidad cultural del corazón
histórico de la ciudad.
A diferencia de otros centros históricos
donde el canto de aves o el murmullo del
agua pueden intervenir como contrapun-
to natural, en el centro tapatío estos soni-
dos quedan prácticamente anulados por
la densidad del tránsito. La ausencia de

sensación de un paisaje sonoro eminente-
-
no revela la dependencia del entorno de
una matriz vehicular que parece pasar in-
    
su extensión y continuidad, no solo domi-

Señales sonoras: En primer plano
emergen los sonidos que interrumpen o
destacan momentáneamente sobre el fon-
do vehicular. Entre ellos, las motocicletas
son las más sobresalientes por la fuerte in-
tensidad de sus motores, particularmente

de escape, capaces de alcanzar niveles de
80 a 90 dB y de irrumpir bruscamente en
el tejido acústico. Los autobuses de trans-
porte público también funcionan como
señales características: sus motores diésel,
frenadas, ventilaciones y vibraciones gen-
eran un conjunto de sonidos graves y me-
dios que atraviesan el entorno y se perci-
ben incluso a distancia.
A estos se suman las señales mecánicas
del espacio urbano como los semáforos
peatonales, cuya secuencia rítmica se
vuelve reconocible para quienes transitan
habitualmente; las voces humanas (gritos,
advertencias y pregones), que añaden una
dimensión social y emocional al paisaje; y,
en ciertos momentos, los músicos ambu-
lantes o los sonidos de los vendedores, que

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   
la coexistencia de dos fuerzas contrapues-
tas: por un lado, las actividades utilitarias
y económicas que producen la mayor par-
te del ruido urbano; por otro, los sonidos

identidad y memoria al espacio histórico.
La tensión entre ambos tipos de sonido

la singularidad acústica del centro tapatío.
El paisaje sonoro del Centro Histórico
de Guadalajara aparece así como un entra-

y humano domina la experiencia auditi-
va, mientras que los sonidos identitarios
luchan por mantenerse audibles. Este con-
traste tiene implicaciones directas para los
esfuerzos de repoblación urbana, ya que la
calidad acústica constituye un factor de-
terminante en la habitabilidad y atractivo
residencial del centro de la ciudad.
Reflexiones finales
El presente trabajo ha pretendido apenas
        
muestre la importancia de analizar cual-
itativamente el complejo entramado de
manifestaciones acústicas que componen
el paisaje sonoro urbano. Aunque el estu-
dio realizado para el Centro Histórico de
Guadalajara es de carácter preliminar, per-
mite vislumbrar con claridad la necesidad
de emprender investigaciones más ampli-
as, y metodológicamente exhaustivas, para
comprender las formas en que los entor-
nos sonoros afectan la vida cotidiana, el
bienestar y la identidad cultural de las co-
munidades.
El análisis demuestra que los sonidos
    

constituyen el núcleo del paisaje sonoro en
la zona. Este paisaje presenta niveles so-
noros constantes e intensos, con picos que
en ocasiones rebasan los límites permiti-

psicológicas. Los sonidos con carga cultur-
al como campanas, fuentes, calandrias o la
Banda del Estado, quedan relegados ante
la saturación acústica utilitaria que domi-
na el espacio.
Esta situación pone en evidencia la im-
portancia de incorporar la dimensión so-
nora a los proyectos de revitalización del
Centro Histórico. Un plan de repoblación
que ignore el paisaje sonoro corre el ries-
go de fracasar, dado que la habitabilidad
depende no solo de las condiciones arqui-
tectónicas, urbanísticas o de movilidad,
sino también de la calidad acústica del en-
torno. Como señalaba Schafer, así como se
-
-
cios acústicamente habitables y cultural-

En Latinoamérica, los estudios sobre
paisaje sonoro aún son escasos. Destaca el
trabajo realizado en 2016 en la ciudad de
Córdoba (Argentina) por Maristany, López
y Rivera, quienes analizaron la relación
entre indicadores psicoacústicos y calidad
 

la percepción urbana y en el bienestar de
los habitantes. Este precedente refuerza la
pertinencia de ampliar los estudios en ciu-
dades mexicanas.
Escoto, E.; Marcelli, J.:EL CENTRO HISTÓRICO DE GUADALAJARA, UNA LECTURA ACÚSTICA, CULTURAL Y
PATRIMONIAL
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vorecería la habitabilidad y la calidad de
vida, sino que contribuiría también a for-
talecer la identidad del Centro Histórico y
a preservar su memoria sonora como par-
te del patrimonio cultural de Guadalajara.
Considerar el sonido como un componente
esencial del patrimonio urbano permitirá
diseñar políticas más integrales y sen-
sibles para la revitalización del corazón
histórico de la ciudad.
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A partir del análisis presentado, se
plantea la hipótesis de que el Centro
-
junto de paisajes sonoros atravesados por
la tensión entre los sonidos utilitarios, que
dominan y saturan el espacio, y los soni-
dos identitarios, que dotan de memoria,
singularidad y pertenencia al entorno. Per-
mite comprender que su paisaje acústico
no solo describe un estado actual, sino que
también revela tensiones en la continui-
dad de su memoria cultural. Recuperar y
equilibrar estos componentes resulta in-
dispensable para fortalecer el carácter
histórico y cultural de la zona.
Los sonidos que por su carga cultural
dotan de personalidad al Centro Históri-
co de Guadalajara se encuentran hoy en
riesgo de desaparecer o de pasar inadver-
tidos entre la saturación acústica utilitar-
ia. A pesar de su relevancia histórica y de
su fuerte vinculación con la memoria col-
ectiva, muchos de estos sonidos quedan
relegados ante la presencia dominante del
      -
temporáneas de uso del espacio urbano.
Esta condición plantea la necesidad de
considerar el entorno acústico como parte
esencial de la gestión del patrimonio cul-
tural urbano: lo que suena, lo que deja de
sonar y lo que se hace sonar son decisiones
estrechamente vinculadas a la manera en
que la ciudad se proyecta y se habita.
En consecuencia, se vuelve impre-
scindible concientizar a la población y a
las instituciones sobre el valor cultural del
paisaje sonoro, así como promover estrate-
gias para su conservación, documentación
y puesta en valor. La recuperación de un
entorno acústico equilibrado no solo fa-
PRAGMA, Año 04, número 08, Abril-Sepembre 2026, pp.145-162
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PATRIMONIAL
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ANEXO:
Mapa 1. Se muestran de manera combinada las calles recorridas y los valores obtenidos
en las diferentes sesiones de medición. Elaboración propia con los datos de la aplicación
Noise Capture.
PRAGMA, Año 04, número 08, Abril-Sepembre 2026, pp.145-162
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ISSN: 3061-7464
CINTILLO LEGAL
PRAGMA, año 4, no. 8, abril 2026–septiembre 2026, es una publicación periódica semestral editada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con domicilio en 4 Sur 104, Col. Centro, C.P. 72000, Puebla, Pue., tel. 222 2295500
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responsable: Dra. Julia Judith Mundo Hernández, julia.mundo@correo.buap.mx. Reserva de Derechos al uso exclusivo 04-2022-100512510200-203, ISSN: 3061-7464, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor
de la Secretaría de Cultura. Responsable de última actualización de este número: Dra. Julia Judith Mundo Hernández, de la Facultad de Arquitectura de la BUAP, con domicilio en Blvd. Valsequillo s/n Ciudad Universitaria, Puebla, Pue.,
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